Las modas que proceden de Norteamérica se imponen cada vez con más fuerza y las culinarias no iban a ser una excepción. Grave error que acabaremos pagando con nuestra salud porque, a fuerza de imitar sus costumbres, cada vez comemos peor. Abandonamos productos que siempre han estado en nuestra dieta y que son beneficiosos, para consumir hamburguesas, pizzas y otras porquerías que no aportan nada.
Elementos presentes secularmente en nuestro régimen alimenticio, como la fruta, las verduras, los cereales, las legumbres y, por qué no decirlo, el vino -con moderación-, aportan muchos más beneficios que cualquier producto del otro lado del Atlántico.
Pero si hay un tesoro que en España existe en abundancia es el aceite de oliva. Se trata de un ácido graso monoinsaturado y, por tanto, mucho más beneficioso que los saturados y posee un importante poder antioxidante que evita el envejecimiento de las células.
Pero los beneficios de este ‘oro líquido’ –como se le ha calificado- son muchos más. Contiene vitaminas A y E, ácido oléico y una elevada cantidad de polifenoles. Lógicamente, estas sustancias se encuentran en mayor cantidad cuanto más virgen sea el aceite. Se le denomina así por su menor grado de acidez y los mejores son los que están por debajo del 0,8%.
El aceite de oliva beneficia los problemas diabéticos, ya que mejora el metabolismo de la glucosa, ayuda a prevenir la artritis reumatoide –enfermedad inflamatoria de las articulaciones- e incluso es beneficioso, al parecer, para prevenir algunos tipos de cáncer.
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