La comida es de gran importancia en la vida de cualquier ser humano. Satisface la necesidad de adquirir nutrientes pero también permite gozar con cada bocado, delicatessen que injerimos. Muchos comemos de puros golosos, del placer de sentir una sabrosa salsa en la boca y que nuestras papilas gustativas disfruten para así nosotros sentirnos en gratitud.
Los expertos en nutrición aseguran que en una dieta diaria es recomendable comer, mas o menos, 60 % de hidratos de carbono (harina, arroz, lentejas, etc.), 25 % de Proteínas (Huevos, carnes ) y 15 % de Lípidos (manteca, queso, aceite). Esto quiere decir que en los alimentos que se consumen en el día deben estar distribuidos en esos porcentajes, insisto, más o menos. Podríamos dar miles de recetas bien promediadas o que estén destinadas a comer más proteínas o más hidratos de carbono pero este no es el tema que hoy nos compete. Dimos a conocer los números de estos macro nutrientes para poder diferenciar la alimentación de la gastronomía, la primera es la satisfacción de una necesidad física y la gastronomía permite sublimar esta función y convertir el acto de comer en un placer para los sentidos y para el intelecto. Si bien ambas chocan todo el tiempo, se unen y se separan según el humor del cuerpo que la admite, hoy veremos aquellos bocados, platos que podrían optar por comer aquellas personas que sufren una u otro malestar anímico.
Podemos agregar a lo dicho anteriormente que los alimentos se pueden dividir según sus funciones:
Especificas:
- Caloricas o energéticas:
- Plásticas:
- Reguladoras
No especificas:
- Saciar, funciones sociales, estimular placenteramente, inmunizar, etc.
Claro esta que aquí nos vamos a dirigir a aquellas funciones no especificas de los alimentos. En parte intentaremos promover estas funciones que son poco tenidas en cuenta y hasta en algunos casos son mal vistas, aquellos que solo ven a la comida como una simple necesidad (especifica).

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