Es un dicho muy común que el organismo humano es una máquina perfecta. Y, probablemente sea así, pero en él se producen, a veces, situaciones curiosas de las que –aparentemente- no sabemos su causa, aunque sean perfectamente normales y naturales.

Niños en una piscina
Así, por ejemplo, todos hemos observado que, cuando permanecemos mucho tiempo en el agua, las yemas de los dedos de manos y pies se arrugan, pero, al poco tiempo de salir de ella, vuelven a su estado natural. Esto no ocurre porque hayamos envejecido repentinamente, sino que es un fenómeno físico perfectamente explicable.
La piel humana consta de tres capas: la más profunda es el tejido subcutáneo, que contiene vasos sanguíneos, nervios, tejido conectivo y grasa. A continuación está la dermis, donde se sitúan las raíces del pelo. Y, por último, está la capa más superficial, la epidermis, que protege a las capas más profundas y ayuda a conservar el agua corporal.
A su vez, la epidermis consta de cuatro capas: la de las células basales, la de células escamosas, la granular y el estrato córneo. Ésta última es la más superficial, la que tocamos, y en ella se forma, a su vez, una capa externa de células muertas y de queratina. Y, puesto que las manos y los pies son las partes del cuerpo que más utilizamos, sufren mayor desgaste y esta capa citada es más gruesa.
La piel, aunque es la principal barrera de nuestro organismo, no es impermeable y, al bañarnos, absorbe agua. Al hacerlo, la epidermis se hincha, pero como está ligada a la capa inferior y el líquido se sitúa entre ambas, éstas no se separan totalmente y se forman las arrugas, que son mayores en manos y pies por la mayor cantidad de células muertas y queratina que tienen.

Representación de las capas de la piel
Del mismo modo, al lavar la piel con agua jabonosa, se eliminan los aceites cutáneos que conservan el agua del cuerpo. Por ello, desprovista de su protección, al salir del agua, el exceso de ésta se elimina rápidamente. Es más, tras un baño, la piel queda más seca que antes, por lo que es recomendable echarse un bálsamo hidratante.
E, igualmente, no es conveniente permanecer mucho tiempo en el agua ni bañarse en ella cuando está a temperatura muy elevada, puesto que ello –a la larga- provocaría un envejecimiento prematuro de la piel y un aumento de las arrugas.
Fotos: Niños en una piscina: André Engels en Wikipedia | Representación de las capas de la piel: Hectoralf2001 en Wikipedia

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1 Comentario en “¿Por qué se nos arruga la piel de manos y pies cuando permanecemos mucho tiempo en el agua?”
me parecio muy bueno x q sale muy corto y da toda la explicacion correspondiente.
atte.
el rey