Ese dolor muscular que se produce tras haber realizado un ejercicio físico más o menos prolongado –en general, al día siguiente y con una duración de tres a cinco días- nos ha ocurrido a todos. Alguna vez hemos pensado aquello de ‘y luego dicen que el ejercicio es sano’, ante la molestia que nos origina. Son las agujetas o, por decirlo en términos médicos, la mialgia diferida. Pero, ¿por qué aparecen?

Tejido muscular visto al microscopio
Se han formulado varias teorías a lo largo del tiempo. Una de las que mayor fortuna ha hecho es la que las achaca a la formación de cristales de ácido láctico, que se originan por la degradación de la glucosa que realiza el músculo al exigirle un esfuerzo intenso. Estos cristales, unidos a la acidez, producirían microrroturas en éste. Esta tesis es la que ha dado lugar a los populares remedios caseros de beber agua azucarada o con bicarbonato.
Pero, al parecer, según las últimas investigaciones, esta teoría ha resultado ser falsa y, en consecuencia, también lo son las soluciones aportadas, cuyo funcionamiento se reduce al efecto placebo.
Hoy la tesis científica más aceptada señala que se producen por la microrrotura de fibras musculares –concretamente los sarcómeros-. Y su causa es la debilidad de estas fibras, que son incapaces de soportar el nivel e intensidad del ejercicio físico. Por ello, las partes más afectadas son las uniones musculares y los tendones cercanos a la articulación, zonas donde las fibras citadas son más débiles y mayor tensión se produce. Igualmente, se aprecian más roturas en los músculos de contracción rápida.
El dolor que se origina se debe –más que a la rotura citada en sí- a la inflamación que ésta produce. Es intenso y localizado en una región muscular concreta. Se ha comparado al que producirían múltiples pinchazos de pequeñas agujas.

Una maratón popular
En buena lógica, las agujetas serán más fuertes cuanto menos acostumbrados estemos a realizar ejercicio físico o cuanto más tiempo haga que no lo hacemos. Para remediarlas, no existen soluciones radicales. No obstante, podemos aplicar algunas medidas paliativas. Así, el uso de anti-inflamatorios, de frío o de un analgésico del tipo de la aspirina –si no somos alérgicos a ella-, ayudan a mejorar las molestias.
En cualquier caso, las agujetas son naturales: el músculo necesita adaptarse a las exigencias del organismo. E incluso son beneficiosas, ya que las fibras rotas son reemplazadas por otras más resistentes, aumentando nuestra masa muscular. Además, una vez el ejercicio sea continuado, disminuirán o llegarán a dejar de producirse. Por tanto, el mejor medio para evitarlas es el ejercicio frecuente.
Fotos: Tejido muscular: Polarlys en Wikimedia | Carrera popular: SieBot en Wikimedia

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