Todos tenemos un amigo o un conocido que la padece en mayor o menor grado. Cada vez que vamos a la consulta del médico, nos lo encontramos allí. Siempre que le preguntamos por su salud, tiene algún padecimiento y, si se habla de enfermedades, mejor no tocar el tema, ya que él –o ella- las tiene todas. Es un hipocondríaco.
La hipocondría es un trastorno mental que ya fue definido y caracterizado hace dos mil años por el galeno griego Hipócrates, quién la consideraba una enfermedad tan orgánica como la gripe. Y, aunque cuenta hasta con tradición literaria –‘El enfermo imaginario’, de Moliere, del que hemos tomado el subtítulo, es buen ejemplo-, no fue hasta el siglo XIX cuando se le comenzó a prestar atención.
Se caracteriza por el miedo a tener una enfermedad orgánica o estar convencido de que se padece, a pesar de que los médicos ya la hayan descartado. Es, como decíamos, un trastorno mental no grave pero sí muy invalidante para quién lo sufre en grado extremo, ya que limita su vida cotidiana y sus relaciones sociales. Además, puede desembocar en una depresión severa.
Nuestro organismo varía constantemente para adaptarse al medio. Una persona normal no presta atención a estas pequeñas modificaciones, pero el hipocondríaco está tan pendiente de su cuerpo que sí las percibe. Además, la propia sensación de que están enfermos activa su sistema nervioso y, con ello, puede provocar algunos cambios sin importancia en su cuerpo –aumento leve de la tensión arterial, dilatación de las pupilas, etc-. Todo esto es suficiente para que el hipocondríaco crea que padece una enfermedad grave.
Los expertos consideran víctima de este trastorno de la mente a la persona que lo sufre durante al menos seis meses. Y, para superarlo, el punto de partida es reconocer que se padece y ponerse en manos de un psicólogo o psiquiatra.
Durante el tratamiento, también la familia y los amigos pueden hacer algo para ayudarlo a superar su hipocondria. En primer lugar –aunque sea duro- no debe prestársele demasiada atención cuando se queja, ya que, si lo hacemos, estaremos reforzando su obsesión. Este trastorno se compara gráficamente a una planta: a ésta, cuanto más se la riega, más crece; la enfermedad, cuanto más se habla de ella, más se intensifica.
Por otro lado, debe animarse a la persona a realizar actividades que lo distraigan de su obsesión: salir y relacionarse más, hacer deporte, apuntarse a algún curso o buscar nuevas aficiones son algunas posibilidades.
Fuentes:
www.psicoactiva.com/hipocond.htm
Revista Consumer Eroski.
Enlaces:
Test para evaluar nuestro grado de hipocondría:
www.psicoactiva.com/tests/test13.htm
Imágenes
Armario con medicinas por Eidoloon en Flickr

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