Todos en algún momento hemos oído hablar de la Nueva Era. Y muchos de nosotros lo asociamos con música relajante o con sesiones de hipnosis pero lo cierto es que se trata de todo un concepto e incluso una etapa histórica que estamos viviendo casi inconscientemente y que incluso ha llegado a poner los pelos de punta a algunas religiones tradicionales como la católica que han llegado a dar manifiestos para que las personas se resguarden de la Nueva Era, así con nombre propio. Por otra parte no hay que ver fantasmas donde no los hay y es bueno saber de que se trata y de donde proviene este concepto de la Nueva Era.
El concepto empieza a utilizarse a partir de la segunda mitad del siglo XX, más específicamente en la década de los años sesenta cuando se anuncia que el sol está ingresando en la Era de Acuario. Según los astrólogos, el sol pasa por los distintos signos zodiacales cada cierto tiempo y el 4 de Febrero del año 1962, hacía su flamante ingreso en los dominios de Acuario luego de dejar la constelación de Piscis. Claro que las opiniones están divididas y otros astrólogos piensan que el paso a la era de Acuario recién se dará durante el siglo XXVII. Lo cierto es que este cambio vendrá aparejado de otros tantos cambios sociales, políticos, culturales, económicos y en varios otros campos como los que se empezaron a precipitar en la década de los años sesenta.

Imagen tomada de Flickr por sagabardon
Es más bien la expresión popular la que ha identificado a la Era de Acuario con los movimientos sociales de aquellas décadas. Por otra parte, los astrólogos señalan que los cambios de era traen cambios en las formas de pensar y en las escalas de valores de las personas. Incluso algunos señalan la globalización como un claro indicador de que hemos entrado en la Era de Acuario que además se caracterizará por una especie de hermanamiento universal en que la justicia social marcará nuestros horizontes. Sin embargo, como todo cambio estructural, el proceso debe madurar hasta alcanzar estos estados ideales de equidad y solidaridad. Estos cambios son vividos más intensamente por algunos grupos de personas, como por ejemplo algunas corrientes filosóficas o religiosas, unas más nuevas que otras, las cuales dan los cimientos para que se hable de la Nueva Era.
Esto a su vez, y como es natural, crea desestabilización al interior de las religiones más tradicionales que ya están bien establecidas y que tienen cero interés en perder el poder que han ganado a lo largo de tantos años. Incluso Juan Pablo II se dirigió a los jóvenes en el 2004 recomendándoles que tengan cuidado con los conceptos que hacen ver a Dios como energía cósmica y otras formas no acordes con la doctrina católica. Esto es sólo un ejemplo, pero la Nueva Era –a diferencia de las religiones tradicionales- no es una doctrina dictada por una cúpula de poder sino que se trata de un fenómeno humano espontáneo justamente en la búsqueda de satisfacer vacíos o insatisfacciones espirituales.
La Nueva Era se caracteriza por aglutinar conceptos que en sus contextos originales podrían parecer contradictorios. Los elementos positivos de cada religión o forma de pensamiento son reunidos e integrados en un nuevo concepto que tiene como fin la armonía y la equidad entre todos los componentes. Y esto no sólo alcanza al concepto de religiones sino que se irradia a otras áreas del conocimiento humano como la medicina. En efecto, en la actualidad se habla cada vez con más fuerza de la medicina alternativa que se caracteriza por incorporar tratamientos naturales en base a plantas y hierbas medicinales. Muchos médicos ya se han abierto a estas prácticas y las han fusionado junto con sus conocimientos tradicionales.
También se habla de la medicina holista que se enfoca en el todo, no tratando las enfermedades de manera aislada sino viendo al cuerpo como un todo y a su vez, también se abrazan las técnicas de medicina alternativa en esa visión. Técnicas como la musicoterapia por ejemplo o conceptos trascendentales como el yoga y la meditación o técnicas psiquiatras como la hipnosis y la regresión, también se incorporan para enriquecer y comprender mejor el todo. En buena cuenta se trata de una concepción universal de las cosas. Al referirse también a ideales religiosos que parecen utópicos en medio de tanta desigualdad e injusticia social, la Nueva Era trae impregnado un concepto de misticismo que muestra una facilidad natural para el sincretismo de conceptos como la divinidad de Jesús y las teorías de la reencarnación o del karma, propios e las religiones hindúes.

Imagen tomada de Flickr por Eugenia R. Pelaez
Ciertamente muchos de estos conceptos chocan frontalmente con las religiones tradicionales de Occidente. Por ejemplo, no es de extrañar que las propuestas de Alice Bailey a mediados del siglo y que incluían conceptos como la clarividencia, el yoga y las lecturas espirituales, hayan surgido tras largos años en que la sola sospecha del tratamiento de estos temas podía culminar con la tortura y ejecución del “hereje”. Quizá los primeros fundamentos de la Nueva Era como fenómeno aparecen junto con la obra de Bailey y maduran silenciosamente y de manera aislada y desorganizada hasta explotar repentinamente en la década de los años sesenta, temas promovidos principalmente por la corriente hippie y toda la contracultura de la época. A esto se le sumo la música, más específicamente el Rock, uno de los instrumentos de difusión más poderosos y que justamente contribuyó a la propagación de este despertar por todo el mundo.
Sin embargo, terminarían siendo las corrientes musicales alejadas del Rock las que se identificarían bajo el nombre de Música de la Nueva Era o la llamada New Age. Esto fue a mediados de los años setenta, de la mano del visionario músico francés Jean Michel Jarre que encausó las rutas electrónicas en la música. El modelo fue seguido por artistas como Tomita o Kitaro que son identificados como música New Age. Junto con la música, las lecturas no tradicionales también se propagaron y el fenómeno continúa en expansión.

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