Todos hemos oÃdo hablar de ellos, incluso los hay famosos como el Halley, que nos visita, aproximadamente, cada setenta y cinco años. Algunos afortunados podrán decir que han visto uno. Hasta hace no mucho tiempo eran objeto de superstición: en todas las culturas se los consideraba mensajeros de catástrofes y se han hallado documentos de hace tres mil años que narran la aparición de ellos al tiempo que se sucedÃan todo tipo de calamidades.
Naturalmente, nos referimos a los cometas, esas luces fugaces que atraviesan en cielo. Pero, ¿qué son realmente los cometas? calificados por el astrónomo estadounidense Fred Whipple como “bolas de nieve sucia”, son cuerpos de forma irregular constituidos por una combinación de granos no volátiles y gases helados.

Cometa fotografiado a través de un telescopio.
De hecho, la mayor parte de su vida son objetos sólidos congelados y su aspecto es similar al de un asteroide. Pero, al acercarse al Sol, el calor que éste desprende vaporiza sus capas externas confiriéndole la imagen que todos conocemos, con un parte central formada por un núcleo que queda semioculto por una nebulosa formada por material difuso o coma. Ambos constituyen la cabeza del cometa a la que se añade la cola que va señalándonos su camino y siempre queda dirigida en dirección opuesta al Sol (cometa significa en griego “astro con larga cabellera”).
Por otra parte, el comportamiento de estos objetos celestes es imprevisible. A veces brillan de repente o palidecen en cuestión de horas y pueden perder su cola o desarrollar más de una. En ocasiones, llegan a partirse en pedazos que se mueven juntos. Su órbita es muy elÃptica: en el perihelio o momento en que se hallan más cerca del Sol, se aproximan mucho a éste y, sin embargo, en el afelio –o momento más lejano- se encuentran mucho más allá de la órbita de Plutón.
Precisamente por la duración de sus periodos orbitales, se distinguen cometas de corto periodo, de medio y de largo y se llama cometas periódicos a aquéllos que poseen órbitas bien determinadas que los traen cerca del Sol cada unos pocos años. Porque realmente estos cuerpos se originan en los confines del Sistema Solar, en una enorme envoltura compuesta por la Nube de Oort y el Cinturón de Kuiper. Como están sometidos a la fuerza de la gravedad, cuando chocan entre ellos o una estrella los arrastra, salen precipitados hacia el Sol, hasta el que se aproximan a causa de nuevos encuentros gravitatorios. En suma, se trata de unos singulares visitantes que nos muestran la inmensidad del Universo.
Fuente: Astrogea.
Foto: Andyspictures.