Casi todos los que somos aficionados a la lectura –y no digamos ya los que hacen sus pinitos literarios- hemos pensado alguna vez en escribir una obra narrativa más o menos extensa. Pero el miedo al folio en blanco –quiénes escriben sabrán de lo que hablamos- de una parte, y de otra el temor a perdernos en el propio argumento que hemos inventado, nos echan para atrás.

Estante con libros antiguos
Y es que escribir una novela no es nada fácil. Se podría establecer la barrera entre el relato breve y el extenso en unas noventa mil palabras, cifra que ya por sí sola asusta un poco. Por ello, trataremos de brindar algunas ideas para aquéllos que deseen intentarlo.
En primer lugar, es muy importante ponerse metas más pequeñas para empezar. No es que escribir un cuento sea más fácil, pero sí es más sencillo de componer, en tanto su argumento es reducido y su acción más simple, pues presenta menos asuntos secundarios. Igualmente, sus personajes presentan una menor complejidad humana.
Si ya hemos escrito alguno con aceptables resultados, quizá sea el momento de dar el salto a metas mayores. Para iniciar una novela es fundamental tener bien pensado el tema a tratar y la línea argumental de toda ella pergeñada, no ir improvisando en cada capítulo. En este sentido, es buena idea preparar un resumen de lo que va a suceder en cada uno de ellos.
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Hay muchas personas que desde pequeñas saben muy bien lo que quieren, mientras otras andan errantes sin saber para qué lado correr. En el caso de las primeras es lo que se conoce como vocación, ese conocimiento sobre lo que se quiere hacer durante la vida.


