Análisis vía Zync
Hasta hace unos cinco años he de decir que no podía evitar una asociación curiosa, cuando alguien me dejaba un curriculum en el que decía que había hecho un master me imaginaba a He-Man y Skeleton. Supongo que serán cosas del VHS Panasonic en el que finalmente enterré, tras ser atropellado por el coche teledirigido que pilotaba, al clic de playmboil negro. Era mi clic favorito, ganaba siempre, al fútbol, a los vaqueros, a las carreras de coches… Por suerte tuvo descendencia.

Tener un máster hace quince años era una frivolidad, una cosa de niños bien que cruzaban el charco para visitar todo lo que aquí no se podía estudiar mas que en Perpignan, todavía era una época en que el despertar sexual se producía a los veintitantos, en una universidad que les costaba una pasta. Les costaba una pasta; el master, que quede claro. Además venían con el inglés bien aprendido y eso molaba. Ahora los muchachos están hartos de todo tipo de experiencias a los quince y un alto porcentaje no termina la ESO. Y lo mejor de todo es que casi no se les entiende cuando hablan, que es como si hablaran otro idioma.
El mercado de trabajo fue evolucionando, con más pena que gloria y la psicolabia y la psicotontería dominaron los procesos de selección de personal de las empresas. Primero empezaron con el inglés, pero resulta que con mil palabras es suficiente para trabajar en una empresa española. Lo siguiente es exigir un master. Además es así de claro, para llevar papeles de A a B, sacar cafés calentitos y contestar al telefonillo hace falta tener un MBA. La cosa se ha puesto chunga, el nivel de competitividad ha alcanzado cotas absurdas incluso a la hora de encontrar un primer empleo.


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