También las estrellas mueren, o por lo menos dejan de existir como tales y se transforman en otra cosa. Nuestro Sol, por ejemplo después de haber producido energía durante 10 mil millones de años transformando hidrógeno en helio (hoy el Sol tiene 5 mil millones de años, encontrándose por lo tanto en la mitad de su ciclo vital), experimentará una profunda transformación: agotado el hicirógeno, su principal combustible nuclear, faltará la presión interna y las capas, más profundas, atraídas por la fuerza de gravedad precipitarán hacia el centro, o bien se colapsarán mientras las externas se expanderán.
En el transcurso de este acontecimiento catastrófico la materia solar de las regiones profundas será
comprimida hasta tal punto que los espacios entre los átomos serán reducidos y los electrones se disociarán de sus respectivos núcleos. El nuevo estado de equilibrio se alcanzará cuando la presión de los electrones liberados detenga el colapso. En este punto, la enorme esfera del Sol, que hoy es algo más de 100 veces superior a la Tierra, se reducirá al tamaño de nuestro planeta y su luminosidad descenderá 10.000 veces: se convertirá en lo que los astrónomos llaman “enana blanca”.

Agujero negro supermasivo
Sin embargo, no todas las estrellas terminan en enanas blancas como el Sol. Existen otras posibilidades. Si una estrella supera en cuatro veces la masa del Sol, el colapso no se detiene en la etapa de enana blanca, sino que continúa. La compresión de la materia, en este caso, es tan potente como para impulsar a los electrones libres contra las partículas positivas de los núcleos (protones), transformándolos en neutrones. El astro que entró en colapso se convierte, entonces, en una “estrella de neutrones”, reduciéndose a un cuerpo mucho más pequeño que la Tierra, de algunas decenas de km. de diámetro. La materia de una estrella de neutrones es tan densa que un sólo cm3 pesa diez billones de toneladas.
Enanas blancas y estrellas de neutrones son dos etapas finales de la evolución estelar previstas por la teoría, las que han encontrado precisas confirmaciones en los modernos descubrimientos astronómicos. Sin embargo, hay una tercera salida a la vida estelar, mucho más fascinante: el “agujero negro“.
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