La Naturaleza es una fuente inagotable de placer estético y, lo que es más importante, de hábitats que favorecen la vida del planeta. Tal es su riqueza que casi todas las especies –ya sean animales, vegetales o minerales- tienen cabida en ella.

Un manglar en Florida
Un excelente ejemplo son los manglares o bosques de árboles y arbustos que son capaces de desarrollarse en terrenos costeros inundados y, por tanto, en suelos sin oxígeno y sumidos en aguas saladas. Constituyen, así, un ecosistema irreemplazable y único, no ya sólo por proteger estas costas de la erosión, sino porque en ellos se desarrollan multitud de especies animales muy importantes para la vida humana.
Para sobrevivir, estos árboles captan el Oxígeno del aire y lo transmiten a sus raíces enterradas en agua, logrando así la supervivencia en terrenos salinos. Durante la pleamar, se encuentran inundados y sólo se ven sus copas, pero, al llegar la bajamar, son visibles incluso sus raíces. Se encuentran en todas las zonas tropicales y subtropicales del planeta, pero su medio más propicio se halla en la franja del Ecuador, abarcando varios continentes: Asía, África y América.
Su fauna varía en función de las mareas y los ciclos de las especies, pero, en líneas generales, es muy abundante y variada. Muchos de ellos son verdaderas joyas ecológicas, pues albergan algunas especies en peligro de extinción como el ibis escarlata, el manatí o el caimán de costa.
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