Varios de nosotros hemos oído alguna vez hablar de la musicoterapia y los que no han escuchado el término, pueden adivinar fácilmente que se trata de curar con música. Pero ciertamente es mucho más que eso porque esta poderosa herramienta puede prevenir muchos males como la ansiedad y la angustia antes de que alcancen sus fases crónicas o sean declaradas como síntomas de una enfermedad más grave. Por si esto fuera poco, la musicoterpaia, además de estar siendo reconocida cada vez más como una disciplina individual y siendo objeto de estudio en una carrera individual dentro de algunas universidades alrededor del mundo, presenta la gran ventaja de poderse incorporar e interactuar con casi cualquier otra rama del conocimiento tradicional como la psicología. La medicina misma, la literatura y la filosofía entre otras. Bien cierta es la frase, “esa música me inspira” y puede estar relacionada con los estados de ánimo que a veces nos resultan tan difícil de cambiar por nuestros propios medios. Es entonces cuando la música puede venir en nuestro auxilio y dibujar puertas a nuestro alrededor, umbrales que nos pueden conducir a una evocación grata y por tanto a un mejoramiento en el estado de ánimo y hasta en la autoestima en general. El objetivo básico de la musicoterapia es curar la salud de las personas o bien mantenerla y potenciarla, para lo cual se basa de distintos procedimientos y técnicas. Casi todos pensamos que todo se reduce a escuchar la música correcta de acuerdo a la terapia que vamos a seguir o al mal que queremos tratar. Esto es cierto, pero hay algo más. También podemos hacer música nosotros mismos como parte de una terapia determinada y lo mejor del caso es que no necesariamente debemos tener conocimientos previos en el campo musical, sólo buena voluntad. En efecto, nuestro trabajo frente a los instrumentos no será juzgado en términos de mayor o menor calidad respecto a otras composiciones sino que se valorará el esfuerzo y el progreso que se vaya obteniendo mientras se avanza en la terapia.

Imagen tomada de Flickr por canevapaolo
Existe clara evidencia de que los distintos componentes musicales como las escalas, los tonos, las melodías, los ritmos, los compases, entre otros, influencian directamente la actividad cerebral del oyente. El cerebro parece armonizarse con la música y el entorno y se logran procesos cognitivos de mayor calidad en paralelo con una ostensible mejora del sistema neuro vegetativo, que se puede traducir en paz interior, para utilizar un término más común. No es casualidad que las personas tengan determinados gustos musicales la mayor parte del tiempo sin que esto suponga desechar otros estilos musicales que quizá no escuchen con tanta frecuencia. Es claro que cuando uno se siente melancólico o deprimido se refugie en las baladas o en la música trova. Del mismo modo, cuando se encuentra eufórico o alegre, busca en la radio canciones más viscerales y potentes o simplemente una pieza que les permita ponerse a bailar. Otro uso bastante efectivo de la musicoterapia tiene que ver con el aprendizaje, sobre todo el psicomotriz, induciendo a la obtención del ritmo de la música y sincronizando los movimientos del cuerpo con el compás de la pieza musical. Un claro ejemplo de esto podemos encontrarlo en las disciplinas del nado sincronizado en los juegos olímpicos. ¿Han notado que los errores son imperceptibles en esta disciplina? La musicoterapia también es muy beneficiosa en el campo de la meditación y nos permite conectarnos con nuestro interior y enfocar claramente el problema o bloqueo que queremos resolver. Pero sin duda, el campo más fascinante que nos muestra la musicoterapia es el de la utilización de determinadas armonías para la movilización de las energías. Aún no está claro cómo funciona esto pero cuando sea perfectamente comprobable, es más que seguro que el hombre asista al descubrimiento de una nueva forma de energía dentro del universo.

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