Son consustanciales a la práctica del deporte. Casi todo el mundo los ha sufrido alguna vez y, quizá por ello, no solemos darles excesiva importancia. Nos limitamos a realizar las primeras curas y nos olvidamos de él, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, ni siquiera esperamos a que esté curado del todo para reanudar nuestra actividad deportiva. Nos referimos a los esguinces.
Se pueden definir como la torsión o el excesivo estiramiento de un ligamento –tejido elástico que une los huesos en la articulación- debido a un movimiento brusco o caída. Se denomina coloquialmente ‘torcedura’ y, en función de su gravedad, puede producir una simple molestia que desaparece a los dos o tres días o provocar un fuerte dolor que dura más tiempo y que obliga a inmovilizar la zona afectada.

Un esguince de tobillo, a los dos días de producirse
No se trata de una lesión grave pero, precisamente por ello, suelen curarse mal y ello puede llevar a que se reproduzca y se convierta en crónico, con dolores en la zona afectada que se mantienen en el tiempo.
Su tratamiento adecuado exige ser revisado rápidamente por un medico, antes de que la hinchazón desfigure el ligamento afectado. Consiste en elevar la articulación dañada para favorecer el drenaje del edema, aplicar hielo –durante las primeras cuarenta y ocho horas, cada dos o tres, y después, cada ocho- para reducir la inflamación y el dolor, y, posteriormente, colocar un vendaje funcional para facilitar la recuperación.
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