Si Dios al comprobar la ambición de los hombres que pretendían llegar al Cielo con la construcción de la Torre de Babel, decidió que cada uno de los obreros de aquella construcción, hablen cada uno una lengua diferente para que no pudieran entenderse y no concluyeran la obra, el Esperanto podríamos decir que es la respuesta del hombre, una respuesta pacífica, de que es posible la comunicación y el entendimiento entre los pueblos y las culturas.

El popular juego del Skrabel en esperanto
Esperanto, en ese idioma, significa “esperanza”. Se trata del idioma artificial más difundido del mundo, y –aunque hoy se lo cataloga como “lengua auxiliar internacional”-, nació con el objetivo de acabar con las diferencias y las guerras. Fue creado por el médico oftalmólogo Ludwik Lejzer Zamenhof, a fines del siglo XIX. Zamenhof nació en Bialystok, entonces pueblo perteneciente al Imperio Ruso, hoy parte de Polonia. Vivió en dicha ciudad, en Varsovia, en Moscú, en Viena y en otras ciudades. De familia judía, Zamenhof hablaba el yidish, el ruso, el polaco, e inclusive también con mucha fluidez el alemán. Luego aprendió latín, hebreo, griego, francés e inglés, y conoció (aunque no en profundidad) el español, el italiano y otras lenguas. Políglota y angustiado por los permanentes conflictos religiosos, étnicos, civiles, guerras entre pueblos y naciones, Zamenhof creyó que en la construcción de un idioma único que fuera hablado por toda la humanidad se acabarían los problemas. Así, primero aprendió el Volapük, una lengua artificial creada por el sacerdote alemán Johann Martin Schleyer en 1879.

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