Las Maravillas del Mundo Antiguo son siete, número místico que encontramos en casi todas las culturas y pueblos ligado a la perfección, a la belleza, a la buena suerte o al encuentro de lo celestial (o divino) con lo humano (terrenal). Las Maravillas del Mundo Antiguo fueron descriptas por primera vez por el poeta griego Antípatro de Sidón, de quien se toma la lista de las 7 construcciones del hombre que enaltecen el espíritu. Estas siete construcciones están íntimamente ligadas al período de esplendor y zona de incumbencia de la cultura helénica, y son construcciones que existieron realmente.

Antes de que recorramos cada una de estas siete fabulosas obras, conviene detenernos y detallar dos aspectos que ya mencionamos. La lista más antigua de las Siete Maravillas de que se tiene conocimiento corresponde a un poema de Antípatro de Sidón, que vivió en el siglo I a.C, quien menciona siete construcciones prodigiosas que enaltecen al hombre, por sobre las guerras y otros hechos indignos. Aunque existen menciones a listados de obras magníficas realizadas por Heródoto –el padre de la Historia- y otros historiadores, filósofos y poetas helenos, no existen registros conservados de ellos. No obstante se estima que son listados muy similares (sino idénticos), y que el concepto de “siete maravillas” debió haber surgido alrededor del siglo III a.C.
Las obras que menciona Antípatro son todas construcciones que los griegos pudieron apreciar en su momento, en territorio heleno o en territorios próximos (5 de ellas son construcciones helenísticas). Por este motivo, no se incluye entre esta lista a la Muralla China, prodigiosa construcción de defensa edificada en el siglo III a.C., ni obras posteriores en el tiempo como el Coliseo romano. Mientras que el número de siete no es casual, ni tampoco significa que para Antípatro sólo haya siete construcciones dignas de ser mencionadas.

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Llevar esto a la práctica no es nada fácil. El demógrafo, sin ser un erudito, debe tener un elevado nivel académico, acaparando un amplio campo de conocimientos (económicos, sociológicos, antropológicos, climatológicos, etc.) todos los cuales ayuden a desentrañar el por qué de las distintas manifestaciones sociales y sus consecuencias a nivel histórico. Un investigador capaz, pretenderá un exhaustivo relevamiento de datos pertinentes. Pero tendrá una dificultad extra: No es posible recavar información de cada ser presente o pasado, cualquiera sea el lugar o tiempo a considerar. Los registros disponibles son más escasos, cuanto más nos sumergimos en el pasado. Tampoco son generales. Aquellos seres que no descollaban en un entorno social por su linaje, posesiones, o labores, no fueron estimados directamente. Si entendemos que la mayoría de los hombres están incluidos en este grupo, comprendemos la serie de problemas que acarrean para el demógrafo histórico.







