Es indudable que viajar no es una actividad exclusiva del verano. Podemos hacerlo en cualquier fecha y no es mala idea aprovechar las épocas menos calurosas para hacer un turismo diferente al de playa que solemos poner en práctica en el estío. Por ejemplo, ahora que se acerca la primavera, un destino excelente es la ciudad andaluza de Sevilla, que está auténticamente maravillosa en esta estación.
Urbe milenaria, fundada por los romanos con el nombre de Hispalis, más tarde gran ciudad árabe, e incorporada a la Corona de España en 1248, bajo el reinado de Fernando III El Santo, con el descubrimiento de América se convirtió en un emporio comercial, ya que acogía la llamada Casa de Contratación, desde la que se controlaban las riquezas que provenían de aquellas tierras.
Más tarde, fue inspiración de grandes poetas románticos que situaron en ella sus creaciones –la ‘Carmen’, de Próspero Mérimée es buen ejemplo de ello- y hoy constituye una moderna ciudad europea que continúa manteniendo sus grandes monumentos y bellezas.
Entre el gran número de éstas, es imprescindible resaltar su Catedral, que amalgama varios estilos –gótico, renacentista y barroco- y es uno de los templos cristianos más grandes del mundo. Su interior alberga el panteón del Rey Fernando III o el de Cristóbal Colón. Y, junto a ellos, cuadros de algunos de los principales pintores españoles del Barroco, como Murillo o Zurbarán.
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Pero también se propuso, en su momento, la de las “maravillas” de la antigüedad. Fue realizada por Antípater de Sidón, poeta griego, en el siglo I antes de Jesucristo. ¿Cuáles eran éstas y dónde se encontraban? La mayoría de ellas no pueden ser contempladas en la actualidad y sólo se conocen por ruinas o por referencias. Eran las siguientes:





