Una biblioteca es (según la RAE) una “institución cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de libros y documentos”. Y también: “local donde se tiene considerable número de libros ordenados para la lectura”. En ésta segunda acepción, podemos incluir a Internet. Si el “local” fuese la web (o el browser que usemos para navegar), esta “biblioteca virtual” es una de las mayores del mundo. Internet nos permite acceder a cientos de documentos (libros) para descarga gratuita, para su lectura directa desde el navegador, a enciclopedias de consulta gratis, y también nos acerca a las principales bibliotecas del mundo.

Internet podría ser –ya lo han dichos varios- la Biblioteca de Babel que narró el escritor argentino Jorge Luis Borges: un inmenso laberinto que reúne todos los libros posibles en todos los idiomas conocidos y desconocidos, y muchos cientos de miles de libros más, dado que allí se encuentran todos los libros con todas las combinaciones de las letras que fuesen posibles, e incluso combinaciones erradas que no forman palabra con sentido alguno. Una biblioteca desproporcionadamente inmensa, aunque no infinita.
En Internet no están todos los libros, por cierto, muchos (cientos de miles) deben quedar fuera de la digitalización virtual. Tampoco podemos decir que existan libros con combinaciones inconexas de palabras y frases sin sentido, aunque algunos sitios web esa sensación nos dejen. Pero sin duda, en la red de redes encontramos una puerta de acceso directo a muchísimas obras (célebres e ignotas) en todas las disciplinas de la literatura. Veamos algunas bibliotecas digitales, que nos permiten sentarnos en sus salones de lectura virtuales y acceder a sus obras atesoradas y –ahora también- digitalizadas.

Añadir a del.icio.us

