Se sabe desde hace tiempo que el aceite de oliva es uno de los alimentos más sanos. En un artículo anterior, ya hablábamos de los numerosos beneficios que su consumo aporta a nuestra salud, sobre todo desde el punto de vista de la prevención de enfermedades y muy especialmente las cardiovasculares.

Aceite de oliva envasado
También hacíamos referencia a su poder antioxidante, función que ralentiza el envejecimiento. Pero convendría ahondar en esta cuestión, ya que, ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Granada han demostrado científicamente, no sólo que posee esta facultad, sino que puede ser usado como tratamiento para evitar aquél.
El experimento consistió en alimentar a un grupo de ratas con aceite de oliva mientras a otro se le nutría con aceite de girasol. Los resultados han sido harto elocuentes y espectaculares: las que tomaron el de oliva vivieron más que las otras. Y ello demuestra –según ellos- que el consumo continuado de esta grasa afecta al funcionamiento de las células de tal suerte que limita los daños que en ellas causa la edad.
Estos expertos señalan que el aceite de oliva altera positivamente el funcionamiento de las mitocondrias, partes de la célula que le facilitan la energía e intervienen en su crecimiento y su ciclo vital. Incluso están implicadas en la llamada ‘muerte celular programada’, proceso que encierra la célula sobre sí misma cuando muere, evitando que derrame enzimas dañinas y propiciando que sea reabsorbida y reutilizada por otras.
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