Nos adentramos en fechas muy peligrosas para nuestro organismo. Las comidas opíparas se multiplican y, con ellas, la abundancia de alcohol para regarlas. Y, claro, al día siguiente, es inevitable la pesadez y el dolor de cabeza, la sensación de malestar, la sed intensa y la acidez y las náuseas. Es la resaca.

Una botella de whisky
Ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo en las causas que la provocan. Se cree que se debe a los procesos metabólicos del hígado, a los efectos diuréticos del alcohol y a la disminución de azúcar en sangre. Lo que es indudable es que el organismo no puede asumir y metabolizar tantas toxinas.
El poder diurético del alcohol –al que aludíamos- favorece la producción de orina, lo cual provoca deshidratación y, además, disminuye la cantidad de vitamina B12 que tenemos en nuestro cuerpo. De ahí la sensación de sed.
No obstante, para prevenirla podemos tomar algunas medidas, aparte de la evidente de no beber alcohol, algo casi inevitable en estos días. Según parece, la leyenda urbana de que beber alcohol de nuevo cura la resaca es absolutamente falsa, al igual que las de tomarse un protector gástrico antes de beber o consumir café después de hacerlo.
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