El agua es un excelente líquido para apagar la mayoría de los incendios, ya que aguanta la mayor capacidad calorífica de todas las sustancias naturales: son necesarias 85 calorías para calentar un gramo de agua de 15°C a 100°C.
Donde esto se complica, es en los espacios confinados o exiguos. Cuando los grandes humaredas no pueden evacuarse, se acumulan al límite máximo, donde la temperatura puede alcanzar 500°C. Hace tanto calor que los materiales pueden incendiarse instantáneamente. Al echar agua abundante a este tipo de fuegos se produce aún más humo y puede producirse un abrasamiento general: es lo que los bomberos llaman el “flashover”.

Imagen de fuego
¿Cómo evitar este efecto perverso? Más que intentar apagar el fuego con grandes chorros de agua, es mejor enfriar progresivamente el fuego vaporizando con pequeñas cantidades. La creación de vapor entonces será compensada con la contracción de los gases enfriados. Pero aún así mucho cuidado: una contracción demasiado rápida puede causar una afluencia masiva de oxígeno, abasteciendo las llamas.

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Lo cierto es que investigaciones posteriores determinaron que esta despreciable táctica no fue exclusiva del dictador sino que la Coalición atacó e incendió deliberadamente instalaciones y pozos iraquíes. Para apagar los pozos kuwaitíes, uno de los hechos de la guerra que mas repercusión tuvo, se contrato a algunos de los mejores bomberos del mundo en éste área. Uno de estos bomberos era una leyenda viviente,
El estudio de estas impresiones ha sido uno de los pilares fundamentales sobre los que se han basado una gran mayoría de las investigaciones 


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