En esta sociedad moderna todo el mundo anda preocupado por no envejecer. Es una carrera contra el tiempo, contra el mundo y contra uno mismo. En realidad, el envejecimiento es un proceso que se lleva a cabo célula a célula, haciéndose aparente esta destrucción celular mediante el daño acumulativo como pieles ajadas, órganos que fallan y mentes debilitadas. Examinar lo que sucede en el interior de la célula es la misión de los investigadores de este campo que día a día parecen trabajar en al frontera entre la ciencia y la ciencia ficción. Uno de los temas de mayor enfoque dentro de estas investigaciones son los radicales libres. Estos son moléculas con electrones desparejados. Como los electrones tienen la tendencia natural de juntarse en parejas, hacen que esas moléculas sean altamente reactivas. Lo pero de este caso es que una sola molécula inestable de radicales libres puede trastornar a más de una molécula estable. ¿Las razones? La reacción de un radical libre con una molécula estable produce otro radical libre, lo que conduce a una reacción de destrucción celular tipo cadena de fichas dominó. Pero no todo esta perdido ya que la solución a este problema son los llamados antioxidantes.

Imagen tomada de Flickr por bruno unna
Ellos vienen en nuestro auxilio, emparejándose con los radicales libres para formar nuevos compuestos que pueden ser expulsados con inocuidad del cuerpo. Los antioxidantes neutralizan a los radicales libres. Entre los antioxidantes están las vitaminas C y E. Otros minerales, como el zinc y el selenio, trabajan en ello al convertirse en parte de los compuestos antioxidantes producidos en el interior del organismo.
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