Ya ha llegado el invierno y los próximos meses serán, en buena lógica, los más fríos del año. Las bajas temperaturas y la humedad nos afectan a todos, pero especialmente a aquellas personas cuyo organismo es más débil, fundamentalmente las personas mayores y los niños pequeños.

Un bebé dormido
En el caso de los segundos, además la piel no ha adquirido aún la suficiente fortaleza, por lo que es más sensible al frío. No obstante, lo primero que debe señalarse es que el peor enemigo de los bebés no es el frío, sino los cambios bruscos de temperatura.
Por ello, el exceso de abrigo o mantener la calefacción muy fuerte tampoco es bueno. Los expertos recomiendan mantener al bebé en ambientes cálidos –en torno a veinte o veintidós grados-, evitar los contrastes producidos por salidas repentinas a lugares fríos y procurar que la humedad no sea menor del cincuenta por ciento. Por ello, lo mejor es sacarles en las horas centrales del día, correctamente abrigados –ni excesiva ni escasamente-, con prendas suaves y no ajustadas para que su piel pueda ventilar adecuadamente.
El sistema de regulación del calor en los bebés todavía no se halla del todo desarrollado, por lo que aspectos externos, como la sudoración o la frialdad de las manos pueden conducirnos a equívoco. Su temperatura debe medirse en la nuca y en el cuello.
Por otra parte, es corriente en ellos por estas fechas la aparición de mucosidad abundante, con la consiguiente obstrucción de la nariz, que ocasiona dolor de garganta y tos. Para evitarlo, es recomendable mantener limpias sus fosas nasales mediante la aspiración y el uso de pequeñas dosis de suero fisiológico. En este sentido, nunca se debe medicar al bebé sin la supervisión de su pediatra y, además, deben seguirse sus pautas al pié de la letra.

Un bebé que parece posar para la foto
Antes nos referíamos a la debilidad de la piel de los bebés. En efecto, su epidermis es aún muy fina y, por ello, debe ser tratada con especial cuidado, no sólo a la hora de exponerla a bajas temperaturas, sino también procurando evitar que se irrite con el roce de la ropa.
Por último, es necesario que reciba una adecuada alimentación, con el aporte de nutrientes necesarios que refuercen su sistema inmune, aún no del todo desarrollado. Y, en caso de duda o de sospecha de alguna enfermedad, acudir siempre al pediatra para que nos aconseje.
Fotos: Bebé dormido: Mr. Tan en Wikimedia | Bebé sobre una cama: Calliopejen en Wikimedia

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