El verano es época de excesos, especialmente en lo que respecta al Sol. Con la obsesión que padecemos por poner nuestra piel morena, pasamos horas expuestos a sus rayos y -si bien es cierto que el Sol es fuente de vitaminas- la exposición prolongada a él es muy perjudicial para la salud.
Quién más sufre estos efectos es nuestra piel. Sin mencionar problemas más graves, cuando llegan estas fechas, la piel está seca, ha sufrido quemaduras, escamación, deshidratación y se ha debilitado, por lo que no puede cumplir con su función protectora frente a agentes externos dañinos.
La piel contiene alrededor de un setenta por ciento de agua -aproximadamente el treinta por ciento del total de nuestro organismo-, que constituye, junto a los lípidos, el llamado ‘manto hidrolipídico’ que es el que aísla nuestro cuerpo de agentes patógenos externos.
Por ello, debemos fortalecerla y rehidratarla y, para hacerlo, existen una serie de consejos sencillos que podemos poner en práctica.
En primer lugar, es muy importante beber líquido en abundancia. Éste no tiene por qué ser sólo agua. Junto a ella, pueden tomarse infusiones, zumos o lácteos. De este modo, será más sencillo alcanzar los aproximadamente dos litros que debe beber una persona a diario. Lo que no debe tomarse es alcohol, ya que es diurético y, en parte, se elimina a través de la piel.
Asímismo, es importante la alimentación. Ésta debe ser rica y variada y, sobre todo, abundante en frutas y verduras, puesto que poseen un alto contenido en agua y ayudará a nuestra piel a rehidratarse.
Por otra parte, los jabones fuertes eliminan el manto ácido de la piel. Por ello, al menos durante un tiempo, es recomendable utilizarlos suaves o, directamente, geles sin jabón. En este sentido, es también interesante aplicarse –tras la ducha y con la piel aún húmeda- algún tipo de crema hidratante, sobre todo en piernas y pies, ya que son las zonas que más se resecan.
Por último, debemos continuar protegiéndonos del Sol. El hecho de que el varano se haya acabado no significa que éste no nos pueda afectar. Aunque sus rayos no llegan con la misma fuerza, la radiación ultravioleta continúa dañando nuestra piel y, por tanto, es necesario seguir aplicándose cremas fotoprotectoras.
Como decíamos, la piel es la que aísla nuestro organismo de los agentes patógenos externos. Por tanto, es muy importante mantenerla fuerte y sana. Nuestra salud nos lo agradecerá.

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