Hasta ahora, solamente el programa Seti ofrecía la esperanza de detectar una prueba de la existencia de vida fuera de nuestro sistema solar. La detección de exoplanetas representó una etapa capital en nuestra búsqueda de posibles primos en el cosmo, pero hasta el momento tenemos que conformarnos con la detección de gigantes planetas gaseosos que orbitan muy cerca de su estrella. Se conocen por supuesto algunos casos de planetas telúricos y el del sistema de Gliese 581 es notable, no sólo debido a su proximidad sino también porque están presentes planetas telúricos en lo que los científicos denominan zona de habitabilidad.
Kepler empezó su campaña de investigación sistemática de exotierras hace cinco años, deberíamos disponer de varias decenas de candidatas susceptibles de albergar agua líquida y vida. Sin embargo, para estar seguros de ello, sería necesario disponer de potentes espectrómetros en órbita, como los que deberá equipar la futura misión Darwin, capaz de detectar la presencia de biomoléculas, como la clorofila, o una gran cantidad da oxígeno.

Nasa-Donald J. Lindler, Sigma Space Corporation/GSFC; EPOCh/DIXI Science Teams
Analizar el espectro de la atmósfera en busca de algunas moléculas en otros planetas es una tarea temible que corre el riesgo de llevarnos más allá del 2020 hasta detectar alguna posibilidad de vida extraterrestre. Este plazo podría ser más corto si se llega a llevar a la práctica el método propuesto por Nick Cowan de la Universidad Whashington en Seattle (Estados Unidos).
Con sus colegas astrobiólogos, y tal y como explican en una publicación en arXive, es posible, analizando las observaciones de la misión Deep Impact que el espectro de la Tierra sufría cambios relativamente fáciles de detectar debido a su rotación.
Esta misión consistía en enviar un proyectil sobre el cometa Tempel 1. Pero antes de realizar con éxito esta hazaña, los instrumentos de la sonda permitieron realizar imágenes de la Tierra a millones de kilómetros. Desde, se rebautizó la sonda Epoxi y, antes de incorporarse al cometa Hartley 2, sirve para probar nuevas ideas para la detección de exotierras y sobre todo la caracterización de su superficie.

Al comparar la imagen anterior con la de este tránsito lunar, se ve que la dominante es la roja o la azul según si lo que se ve es un continente o un océano. NASA-Donald J. Lindler, Sigma Space Corporation/GSFC; EPOCh/DIXI Sciende Teams
Observando las imágenes de rotación de la Tierra durante el tránsito de la Luna, proporcionadas por los instrumentos de Epoxi, los astrobiólogos constataron que según que se vieran océanos o continentes casi desprovistos de cobertura nublada, el espectro global de la Tierra estaba más bien en la región azul en el primer caso y rojo en el segundo. No habría pues necesidad de obtener un espectro preciso de la atmósfera de una exotierra para detectar la presencia de océanos y en consecuencia probablemente de vida.
Por el momento, no disponemos de un instrumento suficientemente potente para llevar a la práctica esta idea pero eso podría cambiar. Algunos astrónomos piensan mientras que este método no podría ser a lo sumo que un indicador de la presencia de vida.

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