Astrofísica
Astrofísica para principiantes

El cometa Halley

Historia y leyendas del cometa Halley
Por Redacción, en 15 de Junio de 2009

La gravedad y la rotación hicieron posible la diversidad de estructuras, hasta el punto de que nuestro actual macrocosmos se encuentra pleno de cúmulos de galaxias, saturado por miles de millones de ellas. La vastedad del universo, por tanto, sólo se puede intuir o imaginar, pero nunca abarcar; incluso cada vez se produce un incremento -por así decirlo- del espacio, pues, y esto tanto desde el punto de vista intensivo -microcosmos- como desde una óptica extensiva -macrocosmos-, las teorías actuales acerca del universo y su expansión así lo corroboran.

La transformación y dinamicidad, desplegadas por las galaxias conllevan en sí mismas una expansión y un cambio; por las leyes físicas de la termodinámica -parte de la Física que se ocupa de todo lo relacionado con el calor (“termos”, en griego, igual a “calor”)- y, en especial, por la conocida ley de entropía (para simplificar se puede decir que afirma cómo las cosas tienden al desorden y al frío), sabemos del continuo ensanchamiento del universo, de su proceso, acaso irrefragable, hacia el desorden y el frío; precisamente la estrella que proporciona luz a nuestra galaxia, es decir, el Sol, disminuirá con el correr del tiempo, tal vez dentro de cinco mil millones de años, su volumen, su temperatura descenderá sensiblemente, al tiempo que perderá luminosidad e incrementará su densidad; el Sol se derrumbará sobre sí mismo, trastocándose en una estrella de neutrones con una gran masa o en una estrella de insignificante volumen, en una “enana blanca”.

Órbita del cometa Halley

Órbita del cometa Halley

Por otro lado, merced a la ebullición constante que en el cosmos realizan los “quasars” parece quedar neutralizado el deterioro y la finitud del universo ya que aquéllos despliegan cantidades ingentes de energía por medio de explosiones de nuevas galaxias. Estos “quasars” representarían el lado expansivo, ancho y ajeno, por así decirlo, del universo; mientras que en el extremo opuesto se hallarían las componentes más simples, hasta el momento, del mundo material y físico, a saber, los “leptones” y los “quuarks”; aquéllos informan el macrocosmos, éstos conforman el microcosmos, pero ambos configuran el universo-mundo y, tal vez, sus latidos, pues, y en esto coinciden los astrónomos de las distintas escuelas (tanto de la “instrumentalista”, basada en las teorías platónicas acerca de la prioridad de la matemática en astronomía, como de la “realista” que prefiere los argumentos aristotélicos a la hora de acuñar una descripción no formalista del cosmos), las galaxias se mueven y se separan cada vez más, en una sucesión vertiginosa, casi semejante a la velocidad de la luz, de tal modo que se establece una proporcionalidad entre sus distancias y sus velocidades. Los “quasars”, por ejemplo, se hallan tan distanciados de nuestra Vía Láctea que se aparecen con el aspecto que correspondería a una galaxia joven formada hace muchos millones de años.


Si a todo lo anterior le añadimos la aparición y el hallazgo de los llamados “agujeros negros”, acaso debidos a tumultuosos choques y colisiones sin número, parece posible aventurar que tanto en el macrocosmos como en el microcosmos se produce el conocido efecto “spin” que capacita a los componentes últimos (tomando indistintamente este aserto desde la perspectiva que venimos manejando, es decir, desde el punto de vista de la comprensión y de la extensión al mismo tiempo) de la materia física a ejercitar, sobre un imaginario axil, cierto movimiento rotatorio cuyo significado final aún no ha podido desvelarse. Materia (?) que nace, por lo demás, a partir de una aglomeración de gas y polvo, de helio e hidrógeno.

Varios observatorios astronómicos han fotografiado choques de galaxias y saben de su duración en el tiempo, millones de años pueden transcurrir desde su inicio hasta su acabamiento. Prestigiosos estudios astronómicos muestran argumentos suficientes acerca de lo incompleto de nuestro saber sobre la propia galaxia en la que nos asentamos, es decir, sobre la Vía Láctea, la cual se encuentra dentro del “cúmulo local” de la constelación de Virgo; una fuerza gravitatoria desplegada por ésta atrae hacia su centro a la Vía Láctea. Las preguntas sin respuesta y los misterios sin desvelar persisten aún, la tesis del “big bang” se halla, no obstante, avalada por experimentos científicos verdaderamente consistentes, entre otros por el llamado efecto Doppler, suficientemente comprobado también con ocasión del eclipse de la estrella Epsilón del Auriga. No obstante, la disimilitud de los resultados producidos por la explosión aludida plantean todavía cuestiones hasta ahora irresolubles. De aquí que cobren cuerpo las ancestrales profecías, la anticipación utópica, el mito y todo tipo de fenómenos externos al innatismo de los seres humanos y su mundo.

Cometa Halley

Cometa Halley

Una mezcla de temor y saber mueve voluntades y reinterpreta la pronta aparición del cometa Halley como una señal de esotéricos lugares y de inéditos mundos. Su estela de fuego extendida por el universo ya fue predicha por profetas chinos y judíos. Las teorías ptolemaicas sobre lo adverso de los cometas sentaron las bases de estrafalarias interpretaciones y, así, se llegó a asociar la aparición de un cometa a todo tipo de catástrofes; se decía también que constituían la materialización de la culpa y del pecado cometidos por los humanos y que su resplandor provenía del fuego que la ira de Dios producía al quemar el tufo compacto que ascendía regularmente hacia el cielo.

El cometa Halley, sin embargo, es de sobra conocido desde antiguo; en el siglo XI fue visto por los pueblos normandos, quienes interpretaron el fenómeno como el anuncio de algún avatar político o militar y al poco tiempo se llevaba a cabo la coronación como rey de Inglaterra de Guillermo el Conquistador, que había vencido en la batalla de Hasting al hasta entonces monarca anglosajón Haroldo II. En el siglo XIV aparece representado pictóricamente y en el siglo XV fue visto en Europa en la época en que los turcos tomaban Constantinopla.

tapices-de-bayeux-cometa-halletFilósofos, adscritos por lo demás a corrientes empiristas, lucubraron sobre el cometa Halley y su verdadero significado. Astrónomos de todas las épocas se han preocupado por los cometas y su origen, de modo que han conseguido desentrañar las características de sus órbitas y la descripción de éstas, generalmente elípticas, las cuales se forman en los desplazamientos del cometa.

El cometa Halley describe una órbita elíptica cerrada, por lo que vuelve a intervalos regulares al punto más cercano al Sol, conocido por punto perihelio y es, por lo mismo, un cometa de los llamados “periódicos”; aspecto este que le sirvió a Edmundo Halley para predecir su retorno al cabo de un tiempo mensurable y calculable por métodos matemáticos y físicos. Este astrónomo inglés había nacido cerca de Londres, el 29 de octubre de 1656, y murió en Greenwich el 14 de enero de 1742; su ingente labor en pro de la Astronomía le llevó a calcular, siguiendo la metodología de Newton, al cual le unía una gran amistad, los ámbitos de la trayectoria de los cometas que habían hecho su aparición en los diversos continentes durante los años 1531, 1607 y 1682. De este modo llegó al convencimiento de que se trataba de un mismo cometa, y se dispuso a comprobar su periodicidad, la cual estableció en setenta y seis años. Tales datos le dieron pie para predecir con una precisión numérica la próxima aparición del cometa objeto de su estudio, la cual tendría lugar -según Halley- en el año 1759. Al resultar cierta su aseveración, el cometa recibió, desde entonces, el nombre de Halley que, de nuevo, se dejó ver en 1835 y en 1910.

Muchos cuerpos celestes, y de un modo especial los cometas, han sido asociados a hechos acaecidos en la intrahistoria de la humanidad y su simbolismo se confunde, a menudo, con la columna de fuego que atraviesa el cosmos, y se erige en eje del universo para garantizar la relación macrocosmos/microcosmos.

Después del 9 de febrero de 1986, fecha en que el cometa Halley alcanzó su punto de máximo acercamiento al Sol (“perihelio”), éste fue distanciándose más y más del astro-rey, camino del punto más distante (“afelio”), desde el cual volverá a retornar. En dar una vuelta completa tarda el cometa un tiempo que fluctúa entre un tope mínimo, fijado en setenta y cuatro años y medio, y un tope máximo, establecido en setenta y nueve años y medio.

Los cometas no llegan al perihelio con una precisión que pueda detectarse de forma matemática, ya que durante su trayecto sufren la acción de los planetas que se encuentran en su órbita.

En la actualidad sabemos mucho acerca del cometa Halley; varios países han lanzado sondas espaciales para estudiar más a fondo el comportamiento del cometa. Incluso una de estas sondas estuvo en contacto con la cola del Halley durante un cuarto de hora sin que, por lo que hasta ahora sabemos, sufriera desperfecto alguno.

Cuanto más alejado del Sol se halla el cometa, más forma tendrá su núcleo y, por contra, a medida que se va acercando al astro-rey, más va diluyéndose su núcleo. La “cola” del cometa, por tanto, se forma por la pérdida de materia que hace que su núcleo se extienda, como una especie de efecto macrocósmico, dejando una estela de polvo y partículas heladas a su paso. El rozamiento del núcleo sobre el aire se produce a una velocidad enorme; en algún momento, el Halley puede alcanzar los casi 190.000 kilómetros por hora.

También las sondas espaciales han dado información merced a la cual conocemos datos de interés que hasta ahora habían permanecido inéditos y, por lo mismo, se prestaban a numerosas lucubraciones. Hoy se sabe que el cometa Halley está formado por estratos de materia orgánica recubiertos de hielo, lo que le confiere un aspecto negruzco.

Su figura no es esférica, ni similar a una “bola de nieve sucia” -tal como se aceptaba hasta épocas muy recientes, basándose en la autoridad de algunos astrónomos de prestigio-, sino que mantiene en su carrera una forma achatada y plana; también el diámetro de su núcleo es superior a las medidas hasta aquí estimadas (aproximadamente unos cinco kilómetros).

La “cola” o “cabellera” del Halley está formada por una capa nebulosa que se extiende alrededor de su núcleo y va incrementando su volumen, a medida que el cometa se acerca al Sol, hasta alcanzar los 200.000 kilómetros de larga. Existen fotografías del cometa Halley, realizadas en su anterior visita a nuestros cielos, por así decirlo, es decir en el año 1910, en la que aparece el cometa Halley mostrando su enorme “cabellera”, mientras se va acercando al Sol. En aquella ocasión pasó a unos dieciocho millones de kilómetros de nuestro planeta. Esta estela que el Halley va dejando a su paso se mantiene siempre en dirección contraria al lugar en el que se encuentra situado el Sol y ello no sólo como consecuencia de la gran velocidad alcanzada por el cometa en sus desplazamientos, sino también a causa de la energía desprendida en forma de radiación por el astro-rey (entre los astrónomos se habla de “viento solar”), la cual ejerce sobre la “cola” del Halley cierta fuerza de repulsión que produce ese efecto cometario, merced al cual siempre la “cabellera” se extiende en sentido opuesto al Sol.

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