Durante la ocupación de la India y Bengala, el imperio británico se encargó de acabar con la competencia que suponía a su comercio la industria textil local, de mayor calidad que la británica. Hoy en día la India y Bengala siguen sufriendo en gran manera las consecuencias de la destrucción de su poderosa industria textil dentro de lo que los británicos denominaban “mercado libre”.
Para la mayoría de la gente, cuando piensa en la India o el Bangladesh de hoy, una de las primeras cosas que les viene a la cabeza, es la extrema pobreza de este país que posee una historia y una cultura impresionante. Sin embargo, la verdadera historia de la India fue bien diferente, antaño una región con zonas tremendamente prosperas hasta la llegada, ocupación y posterior anexión del territorio al imperio británico.
Antes de la llegada de los británicos en 1775 Bengala concretamente “…era una zona rica y fértil en la que florecía la industria textil quedara en la ruina tras la colonización inglesa. Cientos de talleres producían todo tipo de tejidos que abastecían al mercado y hasta generaban excedentes para la exportación”, “una de los lugares mas ricos del mundo”.
Un temprano visitante inglés describió a Bengala (hoy Bangladesh) como “una tierra maravillosa, cuyas riquezas y abundancia ni la guerra, ni la pestilencia ni la opresión podrían destruir”. Tiempo antes el viajero marroquí Ibn Batuta se refirió también a esta región descrito como “un país de gran extensión, en el cual el arroz es extraordinariamente abundante. De hecho, no he visto región alguna en la tierra donde las provisiones sean tantas“.
En 1757, Plassey Clive, vió con sus propios ojos el centro textil de Dacca calificándolo de “tan amplio, populoso y rico como la ciudad de Londres“.
“Había grandes área de cultivo que producían un algodón extraordinariamente fino. Tenían un sistema manufacturero avanzado para la época. Por ejemplo una firma india tejió una de las banderas del buque insignia de un almirante inglés durante las guerras napoleónicas. No fue tejida en las fábricas inglesas, se tejió en las hindúes.”[1]
La situación descrita en Bengala, podía hacerse extensible a muchas regiones de la India y sin embargo esto no iba a durar mucho. Los británicos eran, como los describía Adam Smith, mitad soldados, mitad mercaderes y no tardaron mucho en hacerse con el control de una enorme región que incluía a millones de personas gobernadas por autoridades militares inglesas que a su vez se valieron de un reducido grupo de mercenarios indios y tropas inglesas para someterlas.
Adam Smith condenó en sus escritos sobre la India la actitud de los británicos que “convirtieron la escasez en hambre”, tras destruir la economía agrícola, transformaron la India en una inmensa plantación de adormidera (opio), que tendría como destino el vasto mercado chino, lo cual se tradujo en una tremenda hambruna, la cual relata Smith en su implacable critica hacia los mercaderes guerreros ingleses.
La destrucción de las industrias manufactureras indias podía acometerse a partir de 1857, mas rápidamente y de formas mas directa, tras una serie de rebeliones internas fracasadas. A pesar de todo el proceso de desindustrialización de la India ya había comenzado a principios del siglo XVIII, cuando el imperio británico empezó “imponiendo duros aranceles a los productos indios para que no compitieran con los británicos. Tenían que paralizar su producción y destruir su industria textil ya que éstos contaban con considerable ventaja. Usaban un algodón de mayor calidad y su tejido era comparable, si no mejor que el británico” y en las zonas que controlaban “…los británicos también trataron de destruir el sistema de manufactura existente.”
Pierre Meile, historiador francés, desde su trabajo “Historia de la India”, también destacó la situación de los artesano hindues ante la rapacidad británica.
“La destrucción del artesanado hindú, comenzada con los malos tratos a los tejedores, y la baja compulsiva de precios se completaron por la competencia de las fábricas de Manchester. Los inventores habían trabajado febrilmente para imitar los diversos tejidos índicos, sobre todo los estampados (tela de Jouy) y en esos años cruciales del final del siglo XVIII los procedimientos mecánicos estuvieron a punto en Manchester; desde entonces, gracias al vapor, comenzó la producción en gran escala. El deseo de liberarse de las importaciones de la India —contra las cuales no bastaba el proteccionismo— había estimulado los comienzos del maquinismo.”[2]
Al mismo tiempo, la población local también sufría los ataques, la represión británica y el hambre. Para 1840, la población de Bengala se había reducido de 150.000 a 30.000 habitantes. Sir Charles Trevelyan agregó ante el Comité de la Cámara de los Lores, en relación a Bengala que “… y la jungla y la malaria avanzan rápidamente… Dacca, el Manchester de la India, ha pasado de ser una población floreciente a convertirse en otra, muy pobre y pequeña“.
Este desprecio por la vida parecía completamente normal en una época en que la raza blanca y en este caso los blancos europeos británicos con su superioridad militar, la cual extendían a una supuesta superioridad cultural, servía de justificación para matar de hambre de cientos de miles de personas, sin que nadie se inmutara. Adam Smith se refirió a esta relatando que “Cientos de miles mueren de hambre en un solo año a causa de las condiciones impuestas por los conquistadores que convirtieron la escasez en hambre.”
Estos hechos se justificaban en el mejor de los casos defendiendo la industria nacional a expensas de industria india. Gente del entorno del magnate del ferrocarril, James Hill, afirmaban “mira, lo que se está haciendo en la India no está bien, pero no hay otra solución si queremos que sobrevivan los campos de Lancaster. Tenemos que destruir a nuestros competidores”.
La India al mismo tiempo se convertía en una de las principales receptoras del comercio inglés, del cual “el cuarenta por ciento de los textiles británicos continuaron despachándose a la India colonial, al igual que el resto de las exportaciones británicas por lo general”
El posterior aporte de los vastos beneficios obtenidos mediante estas prácticas y después también con el tráfico de opio a China fue invertido en la industria inglesa que se beneficio enormemente de estos capitales y que vió aparecer a una destacada burguesia rentista
Los historiadores ingleses Edward Thompson y G. T. Garrett describieron esta época como “quizás el punto culminante de la corrupción a nivel mundial”, “una avidez de oro sin igual desde la histeria que se adueñó de los españoles de los tiempos de Cortés y de Pizarro colmó la mente inglesa. Bengala, sobre todo, no volvería a conocer la paz hasta que se le hubo extraído hasta la última gota de sangre“.
La Historia y la Enciclopedia británica se encargarian posteriormente de extender los clásicos mitos sobre el altruismo de las potencias colonias y de los avances tecnológicas que introdujeron los imperialistas en las colonias, mitos que se convertirían posteriormente en doctrina en las escuelas.
FUENTES GRAFICAS: WikiCommons
FUENTES
[1] Año 501. La conquista continua – Noam Chomsky
[2] Pierre Meile en su trabajo Historia de la India (Eudeba, Buenos Aiers, 1962, págs. 92-93),)
Las intenciones del Tio Sam – Noam Chomsky
Democracia de mercado en un orden neoliberal: doctrina y realidad - Noam Chomsky


Añadir a Del.Icio.Us



1 Comentario en “El imperio británico y la industria textil de India y Bengala”
Querido amigo, he leido con mucho interés tu entrada sobre las (innobles) importaciones de tejidos indios a Inglaterra. Mi pregunta es: ¿crees posible que el algodón de madrás y otros tejidos indios llegaran a Europa gracias a los mercaderes británicos en el siglo XVIII, aunque fuera a finales? Necesito este dato para un texto.
Muchas gracias.
Marisol.
¿Podrías contestarme por email?