Es un hecho evidente que la Naturaleza es una fuerza que desborda cualquier control por parte del pretencioso y engreído género humano. Sus fenómenos son tan hermosos, sus efectos, cuando se desboca, tan catastróficos y sus caprichos tan curiosos que el poderoso hombre sólo puede quedarse impávido contemplándolos.
Al hablar de caprichos de la Naturaleza, nos referimos a la existencia de algunas curiosas especies de seres vivos que –con toda seguridad- tienen su papel en la cadena vital, pero que llaman la atención por su aspecto. Buen ejemplo de ellas es el ornitorrinco, del que ya hemos hablado y al que alguien ha señalado como ‘prueba de que Dios tiene sentido del humor’.

Otra especie no menos curiosa es el topo de nariz estrellada –o condylura cristata-, un mamífero de la familia Talpidae que se halla en Estados Unidos y Canadá. Se trata de un animal de unos quince a veinte centímetros de longitud y, aproximadamente, cincuenta y cinco gramos de peso.
Su hábitat, se halla en tierras húmedas, desde las que excava túneles subterráneos que se unen con otros en zonas secas. Es un excelente nadador, aún en contra de la corriente. Vive de día y, durante el invierno, atraviesa un periodo de letargo, tras el que llega su etapa de reproducción, dando a luz las hembras a cuatro o cinco crías.
Sus grandes enemigos son las aves rapaces nocturnas, en especial el búho americano y el gavilán colirrojo, junto a mofetas y mustélidos.
Pero el elemento distintivo de este topo y lo que le otorga su singularidad es la presencia, al final de hocico de veintidós tentáculos de color rosado que poseen una gran sensibilidad táctil y que le sirven para detectar la actividad de sus presas (aunque esta afirmación aún carece de prueba empírica). Este apéndice nasal viene a suplir la ceguera común a la especie.

Según la revista ‘Nature’, este topo, con sus tentáculos, es capaz de identificar a sus presas y devorarlas en tan sólo 120 milisegundos. Esta velocidad de captura y deglución le permite lograr que pequeños animales que otras especies desechan por ser poco nutritivos constituyan para él un buen alimento: así, pequeños invertebrados como gusanos, moluscos o insectos acuáticos son su dieta habitual.
Lo que sin duda viene a evidenciar esta especie es que la Naturaleza es sabia y, cuando priva a un animal de alguna facultad, suele otorgarle otra que la reemplace o incluso la mejore. Y aún hay ingenuos humanos que creen poder someterla.

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1 Comentario en “El topo de nariz estrellada”
Más que el dato de la peculiar especie, es la forma en la que el autor del artículo nos sensibiliza ante la indiscutible sabiduría de la naturaleza…
Me hechizó con sus palabras, que dan un coscorron a aquellos que piensan que la creación es obra de la pura casualidad, no creen?