Durante mucho tiempo, los españoles hemos sido considerados poco trabajadores por los restantes europeos debido a nuestras costumbres, entre las que se encuentra la siesta, también llamada ‘el deporte nacional’. En su cerrazón eran incapaces de comprender que, tras la comida, acostumbrásemos a dormir en vez de ponernos a trabajar.
Y ahora resulta que teníamos razón, cada día son más los estudios de prestigiosas universidades que lo confirman: la siesta es muy beneficiosa para la salud. Y no sólo en el caso de los niños menores de cinco años, en quiénes resulta imprescindible para su correcto desarrollo, sino también para los adultos.

Un sueño reparador
En el caso de éstos últimos, no obstante, los expertos recomiendan que no sea muy extensa: debe durar una media hora. El motivo es muy sencillo: si se sobrepasa este tiempo, se entra en la fase Rem del sueño, más profunda, que nos obliga a hacer un sobreesfuerzo para despertarnos y ello provoca malestar y la sensación de no haber descansado lo suficiente.
Además, puede alterar nuestro sueño nocturno. Por ello, para evitar que se alargue más de lo deseado, la recomendación es hacerla en un sofá y no en la cama.
Pero el efecto más beneficioso de la siesta se produce sobre nuestro corazón. Cuando se inicia la digestión, este órgano debe trabajar más, puesto que, junto a su actividad normal, debe impulsar el proceso digestivo. Por ello, si relajamos nuestro cuerpo y lo sometemos al mínimo esfuerzo, facilitaremos la labor del corazón. En este sentido, los principales estudios realizados por universidades estiman que dormir después de comer, al menos tres veces por semana, reduce hasta en un treinta y siete por ciento el riesgo de enfermedad coronaria (infartos, ictus, etc).

La siesta se está poniendo de moda en los centros de trabajo
Por si esto fuera poco, muchos expertos recomiendan incorporarla a los centros de trabajo para aquéllos que no puedan desplazarse a su casa. Según ellos, la siesta aumenta las funciones cognitivas, mantiene ágil la memoria durante la tarde y disminuye el estrés. En algunas empresas ya se está poniendo en práctica la medida –no es broma- y, al parecer los resultados son óptimos. Por tanto, si nos hacía falta una excusa para tan sana costumbre, ya la tenemos.
La única contraindicación que tiene la siesta es la referida a aquellas personas que padecen insomnio, ya que, si adquieren este hábito, pueden dificultar su problema. Lo mismo sucede con quiénes trabajan a turnos rotativos. En estos casos, lo mejor es que no sobrepase los diez minutos.
Fotos: Hombre durmiendo bajo un árbol:Romanceor en Wikipedia | Trabajador durmiendo: Cell105 en Flickr

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