La obesidad trae consigo una serie de afecciones para el organismo y los ataques al corazón son de las más comunes. Evidentemente hay una conexión entre la alta ingestión de grasas y los ataques al corazón. Sin embargo, los esquimales parecen ser la excepción a esta regla ya que ellos tienen una dieta rica en grasas. Quizá un personaje que notó por primera vez está relación haya sido el doctor Hugh Sinclair. Este doctor pertenecía a las fuerzas aéreas de Canadá y realizaba su trabajo sobre las regiones polares del ártico cuando cayó en esta cuenta. Sinclair, encontró que en una villa de esquimales con poco más de mil habitantes, la tasa de mortalidad por afecciones del corazón era apenas de un 3%. Tan sólo unos kilómetros más al sur, ya en territorio estadounidense, la estadística cambiaba radicalmente y el porcentaje para las enfermedades del corazón superaba el 50 %. Fue claro para el doctor Sinclair, que los esquimales hacían algo o tenían algo especial en sus dietas. Con el tiempo, otros estudios e investigaciones sobre los hábitos alimenticios de los esquimales, revelaron que el consumo de pescado de esta población era de casi 150 kilos por persona durante un año.

Imagen tomada de Flickr por rabodiga
Para seguir con la comparación, debemos decir que en los Estados Unidos parecen no conocer el pescado, pues la estadística señala que el norteamericano promedio, apenas y llega a los 7 kilos de consumo de pescado por persona durante un año. Otras investigaciones, han encontrado que la fuente de la aparente inmunidad de los esquimales a las enfermedades cardíacas, es un tipo de grasa que se encuentra en grandes cantidades en ciertos pescados. Este tipo de grasa es nada menos que el Omega-3.
Los pescados se alimentan de plancton, el que es rico en el ácido graso linoléico. Los peces, pescados pueden metabolizar este ácido linoléico y convertirlo en el Omega-3. Los pescados, realizan este cambio metabólico por necesidad ya que los ácidos grasos Omega-3, actúan como un tipo de anti congelante celular, lo que evita que sus membranas celulares se congelen, como ocurriría normalmente en los fríos mares del océano Ártico. Estos ácidos grasos son extremadamente insaturados lo cual es una propiedad que mantiene a los pescados sin congelarse. En los últimos años, hemos escuchado mucho acerca de grasas saturadas, grasas poliinsaturadas y grasas monoinsaturadas. Estos nombres, hacen referencia a las estructuras de los diversos tipos de grasas.
La grasa saturada, el tipo de grasa que se encuentra en la carne y la leche entera, entre otras fuentes, se reconoce fácilmente porque es sólida a temperatura ambiente. Esta grasa saturada es la que está asociada, más de cerca, a las afecciones cardiacas. Las grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas, son líquidas a la temperatura ambiente y a estas generalmente se les llama aceites, son los chicos buenos en la prevención de las enfermedades cardiacas porque bajan los niveles de colesterol en la sangre. Los Omega-3 pueden ser catalogados como súper insaturados y es esta estructura la que le otorga varias propiedades deseables en términos de salud y prevención de enfermedades. Por ejemplo, los Omega-3 tienen gran influencia sobre las plaquetas de la sangre. Como sabemos, las plaquetas son los coagulantes del organismo y a veces se acumulan en las paredes de las arterias lo que puede desembocar en un accidente cardiovascular. Es allí donde entran a trabajar los Omega-3 para hacer menos densas a las plaquetas, no permitiendo su acumulación a nivel sistema arterial. Los Omega-3, también influyen sobre una prostaglandina que hace más densas a las plaquetas, inhibiendo la misión de ésta.

Imagen tomada de Flickr por Pablo Espíndola
El Omega-3, también disminuye la síntesis de los químicos derivados de la grasa que, se piensa, juegan un papel importante en el inicio de las condiciones inflamatorias como la artritis reumatoide, la migraña, los dolores de cabeza y la soriasis. Los estudios indican que las dietas suplementadas con Omega-3 ofrecen cierto alivio a estas condiciones. Los Omega-3 son hasta cinco veces más efectivos que los aceites vegetales poliinsaturados a la hora de disminuir los niveles de colesterol y también son muy efectivos a la hora de disminuir los triglicéridos que se asocian a la arterioesclerosis. Otra propiedad interesante de los Omega-3, es que, a diferencia de los aceites poliinsaturados, no interfieren con las células madre, un tipo especial de célula muy asociada con nuestros sistema inmunológico y que en la actualidad se perfila como la mayor esperanza para convertirse en la cura contra el cáncer. Finalmente, los Omega-3 también son beneficiosos para los diabéticos al mejorar la sensibilidad de los receptores celulares a la insulina y para los hipertensos, pues e ha demostrado que se asocia con el calcio para logar disminuir la presión arterial.


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