Pautas para enseñar a comer sano a nuestros hijos
Es un hecho psicológicamente comprobado que los hábitos alimenticios que un niño adquiere en sus primeros años suelen acompañarle en la edad adulta. Por ello, es muy importante educar a nuestros hijos para que aprendan a comer sano.
Y, al mencionar la palabra sano, no solamente nos referimos a llevar una dieta equilibrada, en la que se incluyan todos los nutrientes en sus cantidades adecuadas, sino también a adquirir unas costumbres a la hora de sentarse a la mesa que faciliten una buena digestión y aprovechamiento de la comida.

Un buen desayuno es esencial
Es evidente que tanto niños como adultos debemos ingerir diariamente alimentos de todos los grupos en que se divide la pirámide nutricional –cereales, hidratos de carbono, lácteos, etc- en las cantidades adecuadas. Por ello, los menús deben ser variados cada dÃa.
Por otra parte, el desayuno es fundamental para todos, pero especialmente para los niños, que se encuentran en fase de crecimiento. Además, debe contener, al menos, lácteos, cereales y alguna fruta o zumo natural (nunca embotellado). Es recomendable suprimir los alimentos excesivamente grasos -bollerÃa industrial, en el caso de los desayunos- en las comidas. Ello no quiere decir que no pueda dárseles una hamburguesa o una pizza de vez en cuando, pero estos productos no deben constituir su dieta habitual.
Asà mismo, las comidas deben hacerse en horarios regulares, de forma pausada y sin interrupciones y se han de distribuir en cuatro o cinco tomas. Hay que evitar que piquen entre horas, sobre todo alimentos ricos en grasas o dulces. En este sentido, no deben abusar de las golosinas. Si en algún momento del dÃa tienen hambre, pueden comer una pieza de fruta.
Igualmente, se debe habituar al niño a comer con agua, leche o zumos naturales, nunca con bebidas refrescantes azucaradas o batidos que, además de no ser sanos, disminuyen el apetito.

El consumo de refrescos azucarados debe ser moderado
Para terminar, tenemos que indicar que la comida nunca debe utilizarse como castigo o premio por su conducta y tampoco podemos permitir que coman solamente lo que les guste.
Evidentemente, todas estas normas no deben ser una disciplina militar. No hay nada de malo en que el niño tome un refresco o chucherÃas de vez en cuando. El problema surge cuando se convierten en su dieta habitual. Y, como decÃamos, es necesario educar a nuestro hijo en hábitos saludables, pues muchos de los que adquiera en la infancia constituirán sus costumbres en la edad adulta.
fotos: Desayuno: Jorgebarrios en Wikimedia | Refrescos: Mo 707 en Wikipedia
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Cada niño consume todos los dÃas entre 630 y 640 gramos de productos lácteos. Esta cantidad aporta un 20% de las grasas y un 25% de las proteÃnas totales que ingiere un menor diariamente. ‘La leche y los yogures aportan más proteÃnas a la dieta que la carne. Esto significa que el peso de los lácteos en la dieta empieza a ser desequilibrado por exceso’, afirma De Oya.
La industria láctea está constantemente renovando sus lÃneas de productos e intentando captar nuevos mercados, aplicando agresivas técnicas publicitarias. Entre los productos lácteos de consumo, existe una amplÃsima gama. Es curioso observar cómo han ido intentando salvar los problemas que acarrean haciendo modificaciones para que “se adapten a las necesidades nutricionales de cada individuo