Cada noche, más o menos a la misma hora, hay una serie de fenómenos que se reproducen y lo único que podemos hacer es cerrar los ojos y dormir. Algo que puede parecer normal y que tiene detrás todo un apagado cognitivo importante que se traduce en una sensación de cansancio, se manifiesta esencialmente al final de la tarde, después de un período de despertar activo.
Durante el día, en efecto, nuestros ojos suelen estar muy abiertos, muy móviles, nuestros gestos frecuentes y nuestros reflejos vivos. Nuestro cerebro se mantiene en alerta y su actividad eléctrica es muy rápida.

Mujer durmiendo (Gustave Courbet)
No es asombroso, por tanto, que al cabo de 16 horas de estar despierto, la maquinaria se empieza a sentir cansada y comienza una reducción de ritmo. Es en ese momento cuando los signos de fatiga aparecen. Somos más distantes, más soñadores. A esto hay que añadir escalofríos, nuestra vigilancia empieza una caída libre, nuestros movimientos se hacen lentos. El tiempo de reacción a lo que nos rodea se vuelve mucho más largo, dando prueba de una disminución general.
Siguiendo instintivamente las señales indicadoras que nos envía nuestro cuerpo, nos dormimos. Pero no de todos modos: según una postura que permite una relajación muscular óptima. Esta posición varía con la temperatura ambiente, para mantener nuestra temperatura corporal: recogidos cuando hace frío y nos estiramos cuando hace calor.
Nuestros párpados se cierran progresivamente mientras que nuestras funciones vegetativas se ponen progresivamente en “modo sueño”. El ritmo respiratorio, la frecuencia cardíaca, el tono muscular y la temperatura caen. El sueño no está lejos. A esta reducción de actividad debe añadirse una disminución de respuesta a los estímulos externos y de los índices neurofisiológicos particulares. Además, este estado debe ser fácilmente reversible frente a los estados de coma o hipotermina.
“La invención” del sueño fue posible por la instauración sucesiva de mecanismos de homeostasia, de ahorro de energía tras la homeotermia. Aunque sea obviamente imposible hablar de actividad y descanso en las bacterias, existe un reloj molecular circadiano (de 24 horas) en los seres vivos más primitivos.
Entre los invertebrados, los insectos tienen un ritmo diario de descanso y actividad. Este ritmo se observa aunque el medio ambiente no proporciona ninguna indicación de tiempo, señal de que no es el reflejo simplemente de la alternancia día/noche. Este descanso no está en realidad en el sueño, pero sus correlatos, la inmovilidad, la disminución de temperatura y la reducción de vigor muscular.
En los peces también se distinguen claramente momentos de “pausa”: se inmovilizan sobre su vientre o sobre un lado, en la superficie o en el fondo del agua. En este caso, no se habla de sueño sino de inactividad.
El sueño “complejo” aparece hace ciento cincuenta millones de años en los pájaros. En la raza de los mamíferos, este fenómeno sólo se observa aproximadamente cincuenta millones de años más tarde. Con variaciones adaptativas consustanciales a cada especie.

Un macaco japonés durmiendo
Así pues, los mayores cazadores, tienen un sueño más profundo que sus presas, que, tienen una mayor parte de sueño ligero. Los delfines, sólo duermen sistemáticamente cerrando un ojo, o más exactamente con un cerebro, puesto que alternan los despertares del cerebro derecho mientras que la parte izquierda duerme, y el revés. En cambio, los gatos, las ratas y los monos tienen estados de vigilia muy cercanos al nuestro.
Nuestro sueño de adulto es, en condiciones habituales (civilización occidental y trabajo de día), esencialmente nocturno. Pese a todo no es la alternancia día-noche la que regula nuestro sueño. Como en todos los seres vivos, existe en el hombre un reloj interno circadiano regulado alrededor de 25 horas y responsable del ritmo depierto-sueño.
¿La prueba? Las experiencias de aislamiento “fuera del tiempo”, en grutas o búnkeres revelan que un ser humano, sin señales temporales, se duerme cerca da la misma hora todos los días.

Niño durmiendo
La alternancia día/noche, al igual que la vida social, no son pues más que sincronizadores de este reloj natural. El desfase entre el tiempo local y el del reloj interno, durante los viajes intercontinentales, implica la aparición del sueño durante el día: el famoso jet lag.
Se nos somete naturalmente a un ritmo circadiano durante toda la vida. En cambio, la calidad , la duración y los horarios de sueño varían en función de la edad. Cuanto más envejecemos, menos dormimos profundamente.
Imagen: Niño durmiendo por Alessandro Zangrilli en Wikimedia Commons

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5 Comentarios en “Primeros signos de fatiga”
ola}}
ola tengo 14 años y quiero que las chicas me den sus fotolog fotos sarpadas sean lindas o feas me comformo
podata porfa
chau
Hola Francisco, no creo que este sea el mejor sitio para encontrar chicas que te den sus fotologs…
Un saludo,
[...] nos dormimos en el momento en que los signos de fatiga aparecen. A partir del adormecimiento se suprime nuestra consciencia. Durante algunos minutos, [...]
GRACIAS redaccion buscare en otro lado chau muchas gracias
muchos saludos nos ablaremos asi chau
francisco